MURAKAMI Y EL JAZZ…
Leo en la prensa que mañana se falla el Príncipe de Asturias de las letras y entre otros ilustres finalistas (Martin Amis, Antonio Tabucchi o Antonio Gamoneda) figura el japonés Haruki Murakami. En este ascensor nos alegraríamos sobremanera si, tras el galardón concedido el año pasado a Auster, este año se lo diesen al nipón.
Murakami suele esconder abundantes referencias musicales en su obra que van desde el rock hasta la música clásica, pasando por el jazz o la ópera. Tal vez su carácter melómano le venga de uno de sus primeros trabajos como dependiente en una tienda de discos. En todo caso, partiendo de la premisa de que nada define
mejor a una persona que sus gustos musicales, el japonés siempre nos revela en sus novelas que música escuchan sus personajes. Uno recuerda que Tooru Okada en El pájaro que da cuerda al mundo se interroga sobre la posibilidad de que un empleado de una tintorería disfrute con Eric Dolphy; en la magistral Tokio blues (cuyo título original es Norwegian Wood...) el protagonista escucha el Kind of Blue de Miles Davis una tarde lluviosa de domingo o a Bud Powell y Ornette Coleman en un café; sin olvidarnos de la sensible Sumire de Sputnik, mi amor, retratada como una devota de las sonatas para piano de Beethoven…
Pero es que, además, Murakami vivió del jazz durante varios años. En concreto entre 1974 y 1982 fue propietario de un club de jazz en Tokio llamado Peter Cat. Posiblemente parte de aquella experiencia esté recogida en la hipnótica Al sur de la frontera, al oeste del sol, en la que el narrador regenta también un club de esa música maldita. Todo ello por no hablar de la fabulosa colección de más de 40.000 discos de la que el escritor japonés gusta de presumir a la menor ocasión.
Además sus personajes también aman el cine, siendo habitual que opten por refugiarse en la confortable soledad de una sala
de proyección. Sin ir más lejos, Murakami confesaba recientemente que el protagonista de Kafka en la orilla es un reflejo del célebre Antoine Doinel de Truffaut. Sin embargo, su prosa no ha sido aún llevada al celuloide con la excepción de una película -Tony Takitani (2004)- dirigida por Jun Ichikawa e inspirada en un relato corto del autor. Los ecos de su prosa sí han resonado en algún film reciente. Así en la colección de cortos París je t´aime el personaje que encarna Leonor Watling -en la entrega de Isabel Coixet- se refiere con entusiasmo a la lectura de Sputnik, mi amor.
Ahora toca esperar, para ver si la música en prosa de Murakami resulta merecidamente premiada…
Murakami suele esconder abundantes referencias musicales en su obra que van desde el rock hasta la música clásica, pasando por el jazz o la ópera. Tal vez su carácter melómano le venga de uno de sus primeros trabajos como dependiente en una tienda de discos. En todo caso, partiendo de la premisa de que nada define
mejor a una persona que sus gustos musicales, el japonés siempre nos revela en sus novelas que música escuchan sus personajes. Uno recuerda que Tooru Okada en El pájaro que da cuerda al mundo se interroga sobre la posibilidad de que un empleado de una tintorería disfrute con Eric Dolphy; en la magistral Tokio blues (cuyo título original es Norwegian Wood...) el protagonista escucha el Kind of Blue de Miles Davis una tarde lluviosa de domingo o a Bud Powell y Ornette Coleman en un café; sin olvidarnos de la sensible Sumire de Sputnik, mi amor, retratada como una devota de las sonatas para piano de Beethoven…
Pero es que, además, Murakami vivió del jazz durante varios años. En concreto entre 1974 y 1982 fue propietario de un club de jazz en Tokio llamado Peter Cat. Posiblemente parte de aquella experiencia esté recogida en la hipnótica Al sur de la frontera, al oeste del sol, en la que el narrador regenta también un club de esa música maldita. Todo ello por no hablar de la fabulosa colección de más de 40.000 discos de la que el escritor japonés gusta de presumir a la menor ocasión.Además sus personajes también aman el cine, siendo habitual que opten por refugiarse en la confortable soledad de una sala
de proyección. Sin ir más lejos, Murakami confesaba recientemente que el protagonista de Kafka en la orilla es un reflejo del célebre Antoine Doinel de Truffaut. Sin embargo, su prosa no ha sido aún llevada al celuloide con la excepción de una película -Tony Takitani (2004)- dirigida por Jun Ichikawa e inspirada en un relato corto del autor. Los ecos de su prosa sí han resonado en algún film reciente. Así en la colección de cortos París je t´aime el personaje que encarna Leonor Watling -en la entrega de Isabel Coixet- se refiere con entusiasmo a la lectura de Sputnik, mi amor.Ahora toca esperar, para ver si la música en prosa de Murakami resulta merecidamente premiada…
Sí, es una parte esencial en mi vida. La música siempre estimula mi
imaginación. Cuando escribo, generalmente la música se desliza (como los gatos,
supongo) a mi alrededor -Haruki Murakami-






7 OPINIONES:
De momento sólo he leído Tokio Blues y me entretuvo pero no me llegó del todo a pesar del personaje de Midori... De hecho, a veces me daba la sensación de que algunas de las referencias musicales estaban metidas con calzador y el personaje principal me parecía un poco estereotipado.
Con todo, le daré una oportunidad con otra de sus obras, ¿alguna recomendación?.
Nos leemos.
Parece que los del jurado han pensado como tú puesto que el galardón ha ido al final para Amos Oz.
La recomendación: Al sur de la frontera, al oeste del sol. Y luego, sólo si te ha convencido el anterior: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo o mejor incluso Kafka en la orilla...
Saludos.
Te haré caso, a ver si Al sur de la frontera... no sólo me entretiene, incluso gusta y engancha como Tokio Blues, sino que me llega más.
Tomo nota y en algún(os) mes(es) te cuento.
No puedo agregar más un gesto de asombro y curiosidad por este post sobre un autor que desconozco pero parece muy atractivo. Saludos!
yo me quedo con Tokio Blus, que buena. Me encanto y me la releo de vez en cuando.
Buen post
Te he hecho caso, ascensorista, y en esa fnac que han inagurado en nuestra ciudad mi primera compra literaria ha sido Tokio Blues. Ya vamos por la página 60. Saludos desde Tokio!
Hasta nos vamos a poner amarillos
Saludos.
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