domingo 5 de octubre de 2008

39. DESDE LA CAMA (2): ENTRE CIUDADES


1.

Escribió Georges Perec: Nunca nos podremos explicar o justificar la ciudad. La ciudad está ahí. Es nuestro espacio y no tenemos otro. Así que de una ciudad a otra tengo la impresión de haberme movido siempre. Una la habito y recorro y otras, Baltimore, por ejemplo, se pasea durante las últimas semanas ante mí poblada de narcotraficantes y policías. Ya no sé cuál de las dos conozco mejor. Tengo miedo, incluso, de salir a la calle y encontrarme de frente con mi sofá en medio de un descampado y con un montón de negros, afroamericanos, perdón, viendo pasar las horas y las dosis. Creo que cuando acabe de ver de esa maravilla que es The Wire nunca más regresaré a Baltimore. Por allí, huele todo podrido.


2.

Me imagino que, a estas alturas ya a pocos de los que viven, con todas las consecuencias y sin miramientos, en el siglo XXI les quedan dudas de que el placer no se halla en viajar para conocer, sino para reconocer. Para volver a ver y regresar a las ciudades donde ya antes se ha estado y a los lugares que se han visto más y mejor y hasta con lente de aumento. Para contemplar lo que se ha observado, primero, con la mirada de otro y, casi siempre ocurre, para llevarse alguna que otra decepción. Ese es el precio de la ficción.


3.

Y como ahora ando leyendo y releyendo a Juan Carlos Onetti y quedándome con la boca abierta ante aquellas de sus novelas que no conocía y, con otras, confirmando impresiones, lo cierto es que en Tierra de nadie (1941) me encuentro con un Buenos Aires tristísimo y claustrofóbico. Una ciudad que, en parte, el autor más adelante trasladaría a su legendaria Santa María. La ciudad de Onetti es ya, en estas páginas, casi invisible y estática y sin tiempo o en el que éste, de existir lo que no tengo claro, discurre lento. Es, por tanto, todo lo contrario al Dublín y alrededores que James Joyce retrató en completa agitación, durante un solo día y a golpe de travelling. La de Tierra de nadie es, también, una ciudad que se narra a sí misma de forma fragmentada como el Nueva York de John Dos Passos pero que, a diferencia de éste, huye de los espacios abiertos y parece transcurrir y existir sólo de puertas adentro. Una ciudad encerrada y, sin embargo, abierta.


4.

En los telegramas de guerra se habla de ciudades abiertas..., siempre he relacionado esa frase con Buenos Aires. Una ciudad abierta, todo lo barre el viento, nada se guarda. No hay pasado. (Tierra de Nadie, Juan Carlos Onetti).


5.

La segunda novela del escritor uruguayo, por lo demás, se erige como una obra sin centro ni tema o sin otro distinto que la ciudad de cuartos con poca luz y cortinas echadas donde encuentra cobijo un coro de voces tristes. Una novela, pues, sin apenas argumento, intención ya anunciada en el El Pozo (me gustaría escribir la historia de un alma, de ella sola, sin los sucesos en que tuvo que mezclarse, queriendo o no). Y esas almas (Aránzuru, Larsen, Casal…, alguna de las cuales reaparecerá en otras obras del autor) no son sino náufragos que, a duras penas, soportan los envites de la gran ciudad. Y de una fuerza centrífuga que busca arrojarlos fuera de sus calles y a la que resisten a base de sueños robados y alimentando la ilusión de la huida.


6.

Además, en Tierra de nadie, Onetti reafirma la potencia arrolladora de su estilo, de un estilo que no precisa apenas, como ya se he dicho, de un argumento para arrastrar al lector sino, únicamente, de una estructura fragmentada y unas pocas voces a punto de quebrarse y de ser sumidas en el silencio. Combina así el autor, como antes había ocurrido en Manhattan Transfer y en Ulises, la voz del narrador con insertos de la conciencia de los personajes y con diálogos escuchados casi al paso e inacabados porque, de nuevo, de lo que se trata es de oír un sonido. El leve musitar, en este caso, del único espacio que nos resta.



fotografía de Paul Strand.

4 OPINIONES:

BUDOKAN dijo...

Como siempre sigo fiel a tus posteos. Siempre tan variados e interesantes desde lo intelectual. Saludos!

el ascensorista dijo...

Encantado de verte por este ascensor,

Un saludo.

Anónimo dijo...

El verano pasado practiqué el sano ejercicio de no viajar al estilo clásico. Pero conocí sitios maravillosos gracias a Onetti("El astillero"), Brad Mehldau ("The art of the trio"), "The wire" y tu ascensor, que seguiré visitando. Tantas coincidencias sólo pueden ser un buen augurio. Felicidades por tu fantástico blog. Manu.

el ascensorista dijo...

Un verano maravilloso, sin duda.

Un saludo.

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(imagen de cabecera tomada de una fotografía de WIM WENDERS)